Y si lo odia tanto, ¿por qué no se va?

Que soy un paría por quejarme todo el tiempo de “Mi país”, que haga algo y deje de quejarme, que me muera, o que me vaya, da igual.

Hace unos días tuve que ser testigo de una discusión entre dos países, no eran gobiernos o pueblos enteros movilizándose en contra de sus colonizadores abusadores; eran una cantidad de desadaptados sociales manifestándose en una red social, ironía que llaman.

Después de 5 minutos de leer me sentí perdido, abrumado, quise creer que tal discusión era sólo una pobre interpretación de una broma de esas que hacemos en Twitter. No concibo una discusión entre Colombianos y Mexicanos, es que somos iguales, los dos somos el mismo mierdero con diferente acento.

Los nacionalismos son imbéciles, son una impecable apología a la estupidez. Yo no entiendo quién nos metió el cuento de que estamos obligados a amar y defender el lugar donde nacimos o en el que vivimos. Es que no escogimos, a mi nadie me preguntó si quería nacer o criarme en el país donde tenemos de todo, menos un “sagrado corazón”.

Adaptarse es una obligación, sentir apego NO.

Pocas cosas invitan más al homicidio culposo que, después de una queja, un descriteriado patriota me diga “Y si la odia tanto, ¿por qué no se va?”. Es que no se pueden celebrar esas preguntas con una respuesta, no se puede. 

Los "provincianos" no están en Bogotá por deleite ni la odiamos por gusto, lo hacemos porque esta es una ciudad hecha para ser odiada, no porque no seamos de este cagadero erguido casi encima de una cordillera;  una ciudad mal diseñada sumada a una cantidad de hijos de puta que creen ser dueños de ella es la razón por la cual Bogotá es un cagadero, no tanto como Cali, pero lo es.

No hace falta sino salir a la calle cinco minutos para darse cuenta que Bogotá no es el paraíso, nadie en su sano juicio querría nacer en una ciudad en la que parar en cualquier semáforo puede ser más peligroso que menstruar en el Amazonas.

Créanme, si a mi me hubieran preguntado, seguro habría dicho “No Dios, en la ciudad del Cartel de Tamales no, por favor”, si pudiera escoger me quedaría en aquella casa de campo y moriría de sobrepeso, tirado en una hamaca y con un libro en la mano. Pero así es, aquí estoy y por ahora no me voy, no porque no quiera, sino porque he decidido que será a dónde lo decida, donde pueda escoger, sin que me tiren a los leones sin siquiera notificármelo.


Comentarios

  1. o como Fernando Vallejo que despotricó de su nacionalidad Colombiana y se fue a vivir a Mexico

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Mi manifiesto

Las mamás y las malas noticias

Carta a mi yo de 20: