Mi cumpleaños

Hace tiempo me cuestiono sobre el sentido de los cumpleaños, incluso he llegado a pensar, como anciano perdido ya en los años y el pesimismo, que no es justo celebrar un escalón menos en el camino que lleva a la intolerancia de la lactosa, el matrimonio rutinario y la vida regular.
En un no muy profundo razonamiento, en mis horas de romanticismo absoluto por la vida y de escasa brillantez literaria, he llegado a una conclusión bastante personal, estoy convencido que si hay cosas para celebrar:  la amistad inoxidable, la madurez que se cuenta en canas, las cicatrices en la piel y en el alma. Todo mientras sea compartido con los seres importantes de nuestra existencia, es relevante y digno de celebración.
Nunca espero llamadas, mensajes en Facebook ni en el celular, no espero regalos con mis lociones favoritas, la vida ya me dio bastantes regalos y tener a mi familia es más que suficiente.Si me quieren regalar algo regálenme momentos, ojalá sobrios porque no necesito alcohol para poder hablarles a carcajadas, decirles que los quiero o bailar ridículamente alguna canción noventera y de mal gusto. 

De mi tampoco esperen esa llamada o ese mensaje, no estoy interesado en hacerla ni en escribirlo; de mi esperen una llamada el día que lo necesitan, el día en que ni sus madres los recuerden. De mi esperen el verbo, aunque mal conjugado, es más efectivo que la llamada oportuna y el formalismo idiota de los mensajes que parecen más hipócritas plantillas Timotianas de felicitación.
Yo seguiré compartiendo esas cosas dignas de celebración, seguramente hasta que no recuerde el nombre de esas personas que defino como importantes, seguro recordaré los momentos y ahí es cuando todo tendrá sentido.

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